La solución a las bolsas, los canastos de García Rovira

Familias de la provincia, mantienen una artesanía amigable con el medio ambiente.

Cuantos de nosotros fuimos a la plaza de mercado en Málaga o la provincia, acompañados de un tradicional canasto. Seguramente, hay quienes también les tocó comenzar su vida laboral, cargando canastos en zorras o a pie, cuando aún el taxi no era un servicio tan necesario.




Hoy con el impuesto a la bolsa plástica, el canasto se niega a desaparecer, hecho que se convierte en un aliciente para los campesinos que por muchos años, soportaron el horror y la invasión tóxica que inunandaba las plazas de mercado y el medio ambiente, con el uso de la dañina bolsa “plástica”.

El canasto, la herencia de doña Teresa en Tierra Blanca

Mirian Teresa Aponte, una mujer campesina, residente en Tierra Blanca de San José de Miranda, en diálogo con AN noticias de los Andes Stereo y Malagavive, contó, cómo el impuesto a la bolsa, ha sido el salvavidas en medio del naufragio y abandono que vivieron por años.
El canasto, es un elemento hecho de caña brava, la cual debe ser moldeada y tejida para obtener una maravillosa artesanía útil y amigable con el ambiente.




Para esta humilde mujer, vender un canastico más, frente al sábado anterior, es una luz de esperanza para las finanzas de su familia. Ella manifiesta que en las recientes semanas, ha notado un incremento en su venta, ” porque las bolsas es mero mugre que lleva a la casa y en cambio el canastico, se desocupa y sirve para el próximo sábado ” anotó doña Mirian Teresa.

Las cuentas son fáciles, un canasto, tiene una vida útil de dos años, y su descomposición no tardará más de dos años y sólo cuesta 12 mil pesos, mientras una bolsa plástica, cuesta $500, su uso termina cada sábado, osea que en dos años invertimos cerca de 52 mil pesos y contaminamos el planeta en los próximos 100 años.

Este oficio, tradición que viene desde sus abuelos, es el sustento que ha permitido sacar adelante a sus hijos, quienes ya trabajan en la ciudad y que para doña Teresa, como toda mamá que percibe el futuro, la tradición culminará con el último suspiro de su vida.

Cada corte o espina en sus dedos, no le desmotiva para elaborar una gran obra de arte, que al igual que cualquier Picasso que pinta sus cuadros, lo hacen con miras a exponerlos en las mejores galerías del mundo, para doña Teresa su mejor galería, es la plaza de mercado.

Por último, doña Mirian Teresa, en medio de una sonrisa tímida pero inocente, deja un mensaje a sus colegas “canasteros” para que no dejen morir esta bonita artesanía y a la gente “que no sigan contaminando el planeta”.

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