Decirlo es una cosa, vivirlo es otra (Columna de Opinión)

Escrito por : Ludwing Arley Anaya (Exdirector CDMB)

Lo expresado en esta columna es  responsabilidad exclusiva de su autor



Definitivamente, la clase política se olvidó que las causas sociales existen. Son muchos los discursos por esta época se escuchan, pero no se ve, que en realidad, alguien se ponga la mano en el corazón por quienes más nos necesitan.

Para el caso en concreto, nuestra provincia de García Rovira, mi provincia, una de las más olvidadas del departamento de Santander, no es ajena a ello. Muchos se hacen llamar ‘nuestros representantes’ aún no se ponen la camiseta por una verdadera causa social, no los vimos en esta Navidad, compartiendo un regalo siquiera, pero seguro, si los veremos muy amplios, repartiendo discursos en los próximos dos meses que se avecinan de campaña electoral. Aún continúan creyendo, que s’olo con tomarse fotos, hacerse vídeos en el puente inconcluso del “Hizgaura” y salir en una emisora hablar, muchas veces a denigrar de los demás, con eso su imagen aumentará la favorabilidad en las urnas y creen que ya lo hicieron todo.

Ya se preparan de nuevo con el discurso oportunista, politiquero y barato que nos pavimentaran por enésima vez la vía Curos – Málaga; así como algún día también nos prometieron, la construcción con la última tecnología de una planta pasteurizadora de lácteos, que iba a generar el desarrollo para los García Rovirenses, sin dejar de mencionar las demás necesidades básicas insatisfechas que por años nos asisten a los santandereanos en general, tanto en salud como en empleo, apoyo a la niñez, la tercera edad, y los proyectos productivos que nunca llegaron para nuestros campesinos, por mencionar algunas de las principales necesidades.

Creí que esto solo pasaba en mi Provincia, pero hoy mas perplejo que nunca, me causa gran indignación, desde lo más profundo de mi corazón por el abandono estatal, en el que viven las comunidades indígenas Wayuú en la alta Guajira, especialmente sus niños; son estos mismos niños, los que a diario vemos en  las noticias,  que fallecieron por causa de la falta de una gota de agua potable, falta de buena alimentación, estados de salubridad infrahumanos, falta de vivienda y atención en salud digna, entre otros factores. Son los mismos niños, que a diario se ven obligados a realizar decenas de peajes humanos,  agrupados entorno a una cabuya de lado y lado de la carretera para detener los vehículos de turistas que van al paso, para pedirles, extendiendo su mano por una simple y vil limosna, muchos lo hacen sin ropa, descalzos, bajo el ardiente sol de la Guajira, algunos con sus padres muchas veces enfermos y sin probar bocado alguno en el día, mucho menos sin agua para beber, en días pasados un conductor no se detuvo y al pasar el improvisado ‘peaje’ tiro de la cuerda y el niño fue halado por la cuerda y fue arrastrado hasta fallecer. Triste y desgarrador, pero cierto. Pareciera como si estuviesen pidiendo una colaboración, para quemar el año viejo, pero no es así.

Estiran su mano, más que para pedir una ayuda, en su nobleza de ‘ángeles’, como si demandaran un grito de auxilio por este pueblo, que también es Colombia, como queriendo decir, ‘por favor ¡sálvenos! que nosotros también existimos y tenemos la esperanza en que todos ustedes nos ayuden’.

Son muchos los contrastes, que tuvimos que ver para creer, desde la construcción de puentes donde no hay ríos, los postes solos de la luz que nunca llegó y tuvieron que hacer mejor con ellos resaltos viales, ausencia de sistemas sépticos y redes de alcantarillados, pozos de perforación para extracción de agua que no funcionan o sale salada, el parque Eólico Jepírachi que no da luz sino a sus dueños de EPM, pero no a estas comunidades vulnerables y lo más grave aún, tener que ver lo que nunca jamás pensé ver como autoridad ambiental que algún día lo fui, ver la desviación total del río Ranchería, como un crimen de lesa humanidad que hoy yace en la desolación y sequía absoluta, para favorecer intereses industriales de quienes se benefician multimillonariamente, con la explotación del carbón en esta región del país.

Vergüenza ajena siento de ver como las autoridades ambientales se erigen al servicio de unos pocos y no de una población en general.
Creo que vale la pena, seguir haciendo un llamando de atención a nuestros gobernantes y lideres, para que se compadezcan de la situación actual de pobreza extrema, que viven muchos de nuestros connacionales, que a veces con un simple detalle, así sea solo escuchándolos, alegremos los corazones de muchos seres que vinieron al mundo y que nos necesitan, ellos no son los culpables de nuestros errores, pero que si en algo les podemos cambiar la vida, garantizaremos el futuro y el de muchas más generaciones.

Los invito, a que compartamos esta historia con nuestros familiares y amigos, más que eso, a que visitemos la Guajira y que lo vivamos en carne propia, a que apoyemos entre todos estas nobles causas y llevemos una ayuda que por pequeña que sea, para ellos será representativa, y sobre todo, a que abramos muy bien los ojos en estas elecciones y no caigamos más en los mismos errores de ayudar a políticos, que se llevaron los votos y nunca más volvieron, es momento de ver las obras hechas una realidad, las placa huellas que prometieron y nunca se hicieron, los proyectos de interés regional que aun no llegan, es momento de exigir empleo y soluciones a tantas necesidades.

Tengo que dar un agradecimiento especial, a mi buen amigo el General del Ejército Nacional en uso de su buen retiro, hijo también de García Rovira, Jorge Humberto Jeréz Cuellar y su familia, a su fiel escudero y hombre de gran valor y servicio el Sargento Freddy Martínez y familia, por la invitación al viaje número 30, de su proyecto social denominado La Ruta del Agua, programa orgullosamente santandereano, el cual se inicio hace tres años en razón a la crisis humanitaria de La Guajira, esto ha permitido reducir los niños que fallecen por la falta de alimentos y agua, gracias a la colaboración de empresarios del departamento que no solamente han ayudado con agua, sino también víveres, ropa, zapatos, dulces y juguetes y que hicieron de esta navidad la más alegre y especial de muchos niños Wayúu que ni siquiera sabían que se celebraba el nacimiento de Jesús, pero que vivieron la experiencia de sentir, que hay un Dios que existe para todos y se acordó de ellos.

Saludo a quienes nos acompañaron con gran devoción en esta causa, a mi señora Almenara Barrera Carreño, mi hijo, a la arquitecta Adriana Serrano Prada y el periodista de ADN El Tiempo Jaime Moreno Vargas. Solo nos queda la satisfacción de seguir sirviendo y dando lo mejor de nosotros, con hechos no con palabras, para seguir creciendo como personas de bien, dentro de una sociedad más justa y equitativa que nos necesita.

Por su espíritu guerrero, desde la distancia profundo abrazo de admiración y respeto a esa gran líder Wayúu, que rompió todas las reglas de su cultura para poder servirle a su comunidad desinteresadamente y que mucho nos tiene que enseñar, Rosa María López, que nos abrió las puertas de su hogar, lugar donde nos recibieron y con un inmenso calor humano.

Finalmente, no perdamos el espíritu que nos mueve en esta navidad y fiestas de fin de año, para ayudar con causas sociales a nuestros semejantes en lo que podamos, solo así lograremos estar en paz, no solo con nosotros mismos, sino para con Dios. FELIZ AÑO 2018 es el deseo de Ludwing Arley Anaya Méndez, esposa e hijo.

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